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Nave industrial para Armoltec SL
Memoria Original: En el proyecto de nave industrial para Armoltec, SL. la concepción del objeto arquitectónico se plantea a partir de su definición técnica. De esta manera tanto la expresión formal del edificio como su organización funcional son inseparables de su materialidad.
La estructura prefabricada del edificio industrial se organiza en base a una crujía de seis metros en el sentido longitudinal, que estructura modularmente todos los cerramientos, y una crujía de dimensión variable en el sentido transversal que organiza el complejo programa funcional. De esta manera se logra mantener la unidad del planteo sin sacrificar el funcionamiento interno de la industria. La integridad formal del objeto coincide con la intensificación del programa como material.
Los sistemas de cerramiento asumen su identidad autónoma y en cada encuentro material rechazan la reducción del edificio a un concepto.
Desde la calle del polígono la nave se muestra austera e inaccesible, con sus 85 metros de fachada en la que se intercalan bandas de panel de hormigón micro lavado y ventanas continuas con vidrio tintado de negro y sin carpinterías. Un profundo vano, cerrado en chapa atenea de color negro, rompe el plano de la fachada dando cobijo a la zona de carga y descarga. Sólo la figuración de las aún demasiado pequeñas magnolias en la zona de aparcamiento traducen la escala de edificio.
Desde la calle nada anuncia la presencia del patio de entrada, donde un manto césped alberga un olivo en el extremo próximo al acceso de las oficinas. Un muro cortina Jansen de montantes verticales con tapetas de acero en U de color gris antracita y antepechos de Alucobon en color gris plata cierra el patio por tres de sus lados y diluye sus limites en un juego de reflejos. Los montantes verticales con un modulo de 1,20 m se constituyen en limite visual del espacio.
La gran sala de producción se cubre con una sucesión de lucernarios de policarbonato blanco que introducen y difunden la luz del exterior, cualificando el espacio de trabajo y caracterizando la fachada posterior del edificio.
En el proyecto de nave industrial para Armoltec la selección del material y la manera en que se da su uso se convierte en un momento fundamental del proyecto, en el que se construye la identificación de su esencia y su posibilidad de expresión y belleza.
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El edificio se muestra como una caja que deja espacios intersticiales y huecos a través de los que penetra la luz, y que está abierta hacia el norte, hacia el paseo peatonal, mediante un acceso que se abre pero se protege en sí mismo, que da paso pero que acoge a la vez.
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Fotos: José Manuel Cutillas Medina y Gotzon Aramburu
El Centro Cultural Gandiaga Topagunea se concibe como un conjunto de bloques pétreos que se perforan con grandes huecos, como vacíos excavados y cortes horizontales, que abren el edificio hacia el imponente paisaje natural del entorno. En el interior se desarrollan espacios de acogida para programas expositivos, culturales y de encuentro ciudadano.
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Fotos: José Manuel Cutillas Medina
Situado en el entorno del parque central de Mendillorri, en relación con el lugar, sus vistas y sus funciones, el edificio renuncia al carácter monumental y adopta el rol de lugar. Cede así el protagonismo al parque y al palacio, al lago y al paisaje interior. Para ello transforma la plataforma del solar como si se tratara de un pavimento pétreo que se pliega y se eleva para acoger bajo él a la función pública. El efecto del plegado genera diferentes espacios que se entrelazan aprovechando el desnivel del terreno. Así el edificio es plaza y muro hacia la calle, y hueco y porche hacia el parque.
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Fotos: José Manuel Cutillas Medina
Por su ubicación respecto de las áreas industriales y químicas del entorno, que no permiten un uso residencial, el edificio rehabilitado de una antigua serrería alberga ahora un taller de arquitectura.
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