¡Ese dibujo es mío!
Por Julia Gracia Solís
Supe de la existencia de Francis D. K. Ching en el primer curso de la facultad, gracias a alguno de sus maravillosos libros sobre el dibujo y la arquitectura. De ese día recuerdo más que nada mi fascinación por un dibujo en particular, que representaba el reflejo del paisaje en los ventanales de una casa. Por supuesto, todo esto sucedía unos diez años antes de que yo pudiera conocer algo como 3DStudio.
Varios años después, cuando ya 3DStudio era moneda corriente, compré una revista de arquitectura de reciente aparición. La revista trataba principalmente del uso de los ordenadores en arquitectura, sin embargo allí había reproducida una inconfundible ilustración de Ching. Un análisis de la Casa Robie de Frank Lloyd Wright.
En mi primer viaje a los Estados Unidos, persiguiendo el rastro de Wright cerca de Rochester, en viaje de Chicago a Boston, debí esperar a mi siempre atareada amiga Pat en un centro comercial de autopista con el tiempo necesario para ojear libros. Descubrí entonces que la ilustración de aquella revista pertenece a la página 53 de A Visual Dictionary of Architecture, de Ching, libro que no conocía y del cual me enamoré al instante. Con mi nueva adquisición bajo el brazo completé el viaje con Pat hasta el congreso de editores que se celebraba en el MIT.
Justo delante de mí, en la segunda fila del auditorio, se hallaba sentado un señor rubio que miraba la revista en la que yo había visto la imagen de Ching. Quise comentarle la casualidad, pero no pude porque que el hombre conversaba (en un inglés dificultoso hasta para él mismo) con su vecino de asiento, mientras seguía mirando la revista, sin verla. De pronto, la exclamación de su interlocutor me sorprendió tanto como a él: “¡Ese dibujo es mío!”, dijo el otro hombre señalando la ilustración. Entonces el señor rubio torció noventa grados la revista para leer, con evidente alivio, el crédito impreso junto a la imagen, y se lo mostró subrayándolo con el dedo. Ching quedó más que satisfecho con el epígrafe; y Pedro, el señor rubio, en perfecto castellano rioplatense, agradeció al cielo las precauciones de su director editorial.
Fue en ese viaje que descubrí qué poco sabía de arquitectura fuera de mis estrechas fronteras ideológicas y geográficas. Supe también que el idioma inglés, su lógica, que tanto había estudiado y repasado en los meses previos a ese viaje, tiene mucho que ver con la arquitectura británica, por la economía, y con la americana, por la racionalidad. Aunque conocía el espíritu Meccano de la arquitectura americana nunca había descubierto que era precisamente ese espíritu el que había triunfado en el siglo XX, más que el racionalismo europeo. Que los cimientos de la modernidad están en América, que la siembra de los racionalistas europeos sólo podía hallar tierra fértil en el nuevo mundo.
Por eso, aunque también tengo la edición en castellano, siempre he preferido la original, porque Ching, sus dibujos, la arquitectura americana y el idioma inglés encajan perfectamente, tuerca por tuerca, ojal por ojal. Y porque he aprendido a heredar la economía británica, a estudiar, pasear, soñar, trabajar y jugar al mismo tiempo.
Francis D. K. Ching y su A Visual Dictionary of Architecture me han regalado tres cosas a la vez: dibujo, inglés y arquitectura. He pasado tardes leyéndolo como si de Rayuela se tratase, rastreando ideas y palabras a lo largo de 320 páginas de fantasía, y alguna vez he tratado de imaginar un medio a mi alcance en el que algún día escribir un homenaje.
Julia Gracia Solís edita, entre otras cosas, el blog Cuadrado Rojo.
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La casa de Frank Lloyd Wright en Rochester
Arquitectura es, para la RAE, Arte de proyectar y construir edificios. Luego enumera varias acepciones que especifican: arquitectura militar o arquitectura naval, por ejemplo; y otra acepción que atiende al uso de la palabra en el contexto de la informática, y cuyo origen es en rigor figurado. Si embargo, aquella primera acepción: Arte de proyectar y construir edificios, es la única que puede entenderse tan antigua como la arquitectura misma.
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Es muy difícil responder a estas inusuales pero obligadas preguntas:
¿Debe ser la arquitectura ecológica?
¿Estoy siendo un arquitecto ecológico?
Porque a veces las mejores intenciones son fatales.
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La revista Diseño Interior tiene un nombre que despista un poco. Si bien dedica muchas páginas a la arquitectura interior -a materiales, equipamiento y accesorios de esa especialidad- no deja de enmarcar en la arquitectura a secas casi todos los proyectos que publica. De hecho, en muchos aspectos atiende los aspectos arquitectónicos mejor y más claramente que muchas otras revistas de arquitectura. Con textos rigurosos pero amenos, de fácil lectura pero profundos, con fotos excelentes impresas en papel de alta calidad y con gran definición, Diseño Interior es una revista de arquitectura muy recomendable para cualquier público, incluyendo medios profesionales y académicos.
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Por Julia Gracia Solís
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